domingo, 17 de abril de 2011

LA ESMERALDA

Con el color verde me pasa algo extraño porque aunque me parece realmente hermoso, casi nunca lo escojo para vestirme. Tampoco las piedras de color verde son las que más llaman mi atención, pero en cambio, aquí entre nos, les confieso que la esmeralda es, de todas las piedras, mi preferida. Entre tantas que conozco ella lleva la bandera, creo que sólo el brillo, la transparencia, la dureza, la majestuosidad… en fin, la belleza del diamante, podría confundirme a la hora de escoger entre éste último y una esmeralda. A lo mejor ustedes estarán pensando que yo “piso alto”, pero créanme que no, porque no es cuestión de valor económico ni vanidad, es una fascinación natural o instintiva que tengo por estas dos gemas, catalogadas en joyería como piedras preciosas. Hoy les hablaré de mi preferida, del embrujo verde.

La esmeralda, como mineral, pertenece a la familia de los berilos. Químicamente es un silicato de berilo y aluminio con cromo y vanadio. Por cierto, éstos dos últimos minerales, son los que le dan ese color verde tan bello que sólo ella lo puede tener y que fue “bautizado” como verde esmeralda. Tiene una dureza de 7.5 a 8 en la escala de Mohs.

Los yacimientos más importantes se encuentran, sin duda alguna, en Colombia y más concretamente en las minas Muzo a 100Km de Bogotá. También, dentro de la misma Colombia, hay otros yacimientos de renombre como lo son el de Chivor y Gachala. En realidad, en éste país están las mejores minas del mundo, de las que se extraen las esmeraldas más hermosas del planeta.

También hay yacimientos de relevancia en Brasil, USA, Zambia, Tanzania, Pakistán, India y Australia, pero ninguno de estos países han podido superar la calidad y belleza de los verdes cristales de Colombia.

TIPS, HISTORIAS, LEYENDAS Y CREENCIAS:

· Su nombre proviene del latín: smaragdus.

· Cleopatra, gran fanática de la piedra, fue propietaria de unas minas ubicadas al norte de Assuam en Egipto. Luego, la explotación pasó a manos de los romanos. Estas minas fueron trabajadas hasta el siglo VIII. Hoy día se encuentran prácticamente extinguidas y también hay que decir que las gemas, aunque abundantes, eran opacas y llenas de impurezas.

· A Nerón, el emperador romano, le gustaba ver a los gladiadores a través de unos finos cristales de esmeraldas. Aseguraba que la gema amainaba los efectos del sol sobre sus ojos, le agudizaba la vista y le ayudaba a predecir al ganador.

· El registro más antiguo del que se tiene conocimiento sobre el comercio de la esmeralda se remonta al 4.000AC, en los antiguos mercados de Babilonia, donde las esmeraldas eran unos de los tesoros más valiosos.

· Los egipcios solían usar las esmeraldas para ponerlas en los ojos de sus imágenes sagradas. La diosa Isis, en una de sus más hermosas representaciones, aparece con una serpiente de esmeraldas alrededor de su cabeza.

· Hay una leyenda colombiana que dice que una pareja de nativos, llamados Tena y Fura, fueron creados por el dios Ares para que poblaran la tierra que habitaban. Este dios les prometió eterna juventud a cambio de que la pareja cumpliera la misión que él les había dado. Al mismo tiempo, les pidió que fueran siempre fieles el uno al otro. Ellos aceptaron, pero esa vida casi eterna hizo que con el paso del tiempo, Fura, la mujer, sucumbiera a la tentación de serle infiel a su compañero. El castigo no tardó en llegar y ella, de forma inmediata, comenzó a envejecer; por otra parte, Tena, murió. A partir de ese momento Fura no hacía más que llorar. Sus lágrimas eran verdes como un reflejo de los campos y los cerros donde habitaban. El dios Ares se apiadó de ellos y los inmortalizó en forma de cerros que hoy se llaman Tena y Fura y se encuentran resguardando las famosas minas Muzo.

· Otra leyenda peruana cuenta que una enorme esmeralda escondida en la selva, fue convertida por los pobladores de la zona en deidad: la “Diosa de Thalsschituil”. Ante ella llegaron a efectuar sacrificios humanos.

· La esmeralda es una piedra netamente femenina y que un hombre sienta especial predilección por ella, indica que posee un grado de sensibilidad notable.

· Las esmeraldas suelen tener algunas inclusiones dentro del cristal como: burbujas de aire, fluidos, carbones y hasta pequeñas fisuras llamadas “grietas de curación”. Estas inclusiones hacen que la piedra se opaque y pierda transparencia, con lo cual, pierde valor. Cuanto más limpia, transparente y brillante sea, y, por supuesto, cuanto más intenso sea su color verde, mayor es su cotización. Quizás alguno de ustedes habrán oído hablar del “jardín” de las esmeraldas; pues bien, el “jardín” no es más que este tipo de impurezas o craquelados internos que hacen ver a la piedra algo musgosa.

· A pesar de la alta dureza de la esmeralda, es muy sensible al calor, a la presión y a los golpes. Los talladores de esta gema deben tener sumo cuidado al facetarla porque un pequeño desliz puede malograr una pieza de mucho valor.

· Así como el diamante tiene una talla con nombre propio, llamada: “talla diamante”, la esmeralda también tiene la suya y se llama: “talla esmeralda”. Ambas formas de tallado se aplican para muchas otras piedras.

· A veces, para avivar el color de las esmeraldas, se les hace un tratamiento que consiste en someterlas a una inmersión en aceite, dentro de una cámara al vacio. Ni se imaginan cómo potencia el color, aunque yo nunca le recomendaría a nadie que tuviera una gema de estas, que lo hiciera, porque con el tiempo el aceite puede vetearla y aparte de eso, no hay nada más bello que lo natural...¡para qué vamos a engañarnos!

· Hay muchas imitaciones de esmeraldas. Una con muy buenos resultados a la vista es el “doblete” que consiste en un procedimiento mediante el cual se coloca una masa verde en medio de dos piedras claras y transparentes. Aún recuerdo cuando me hacían algunas pruebas para distinguir una esmeralda verdadera de un “doblete” y me solía confundir. Esto sucedió hasta que - gracias a mi profesor- aprendí un método infalible, que no lo revelaré.

Una vez oí un dicho acerca de las esmeraldas que me encantó y dice así: “Las esmeraldas “poseen” a las personas, no las personas a las esmeraldas”. Estoy de acuerdo con esa conclusión, quizás ahí está la respuesta a la fascinación que siempre he sentido por ellas.

Anuchy Ulloa



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